RIESGOS DE LA GENERALIZACIÓN Y LA POSVERDAD (La generalización es una forma de posverdad)

¿La Revista Semana en su edición de Julio 9 al 16 de este año generaliza cuando se
pregunta “En qué momento se acabó la ética en Colombia?”, pues esta afirmación
supone que ningún colombiano tiene ética, lo cual es falso y correspondería, por tanto,
una rectificación de la revista, antes que alguien la solicite mediante tutela.
Recibí información que alguien a quien admiro mucho por su trabajo en favor de la
paz y de los pobres, afirmaba hace poco que “El acuerdo de paz lo protege todo el
mundo menos los colombianos”, cuando quizá lo más objetivo sería afirmar que
Colombia está dividida aproximadamente en dos mitades sobre este tema, al menos si
nos guiamos por el plebiscito para la paz del año pasado.
Las generalizaciones, tienden comúnmente a diseminar criterios erróneos o medias
verdades entre la población y que luego difícilmente se pueden corregir. Sobre todo, si
las redes sociales amplifican la media mentira inicial. Y esto es responsabilidad de los
comunicadores que somos todos. Pero más responsabilidad les cabe a los medios
establecidos y otros que, gracias al internet, cuentan con una audiencia muy grande,
ganada después de muchos años de trabajo arduo
En las comunicaciones individuales, quiero decir, persona a persona, también
pecamos al generalizar y aquí el riesgo es grande para los niños cuando los criticamos
en exceso o no distinguimos bien entre lo que nos gustaría que cambie el niño, porque
percibimos el cambio como bueno y mejor, y la personalidad del niño, la cual nos
corresponde desarrollar. De esta manera podemos infringir un daño psicológico al
infante tanto por el contenido de lo que decimos como por la forma como lo decimos.
En las redes sociales, el autocontrol y el uso adecuado del lenguaje deben buscar la
mayor objetividad posible. Siempre quien comunica lo hace desde su punto de vista,
pero eso no impide esforzarse por ser objetivo y respetuoso de la verdad.
Wikipedia describe la posverdad como “… un neologismo que describe la situación en
la cual, a la hora de crear y modelar la opinión pública, los hechos objetivos tienen
menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”.
Todos somos en mayor o menor medida creadores de opinión pública y, sin duda,
venden más las emociones que los razonamientos y en eso nos hemos contagiado
todos de los publicistas que hace mucho lo saben y lo practican.