LA FIEBRE NO ESTÁ EN LAS SABANAS

Se ha puesto de moda liquidar empresas estatales y crear nuevas que, con frecuencia, heredan las mañas de las anteriores, sin lograr cambio alguno. Porque, como dicen, a donde va el mar, van sus arenas. El ejemplo más reciente es Colpensiones, heredera de ISS Pensiones, donde los atrasos en el número de solicitudes por servicios se cuentan en los cientos de miles, atribuibles, lógicamente, al desorden heredado. Que todo cambie para que nada cambie… 

La primera realidad obvia es que si el ISS no era bien manejado y tenía problemas por falta de información, pues lógicamente la falta de información no se solucionaba con cambiarle el nombre al negocio y darle otro NIT. Y, por tanto. El primer mal a remediar era solucionar las falencias administrativas e informáticas de la entidad mediante un marco adecuado de legislación y el nombramiento de administradores competentes y honrados, lo cual es posible hacer sin liquidar la entidad. Porque, además, el cambio de nombre no exime al estado de ninguna responsabilidad adquirida por la entidad que se pretende enterrar. A lo máximo se crea una expectativa en la población, que de no materializarse, termina por incrementar las percepciones negativas.

Estas soluciones radicales, por otra parte, pretenden satisfacer nuestra necesidad de encontrar soluciones rápidas y duraderas y son, también, la expresión de un machismo político no muy diferente del que, en ocasiones, quiera liquidar rápidamente a los oponentes, solo que en lugar de matar personas se maten instituciones.

El argumento más frecuente para liquidar entidades es   la corrupción endémica que hace inviable el manejo de las instituciones, como si todo se solucionara con la muerte administrativa de las mismas, no importa que la cultura imperante y elsistema político (también parte de la cultura) que las administra sigan intactos. En el mejor de los casos lo único que se logra es tener nuevos rostros (tanto de la empresa que adquiere una nueva fachada, como de los directivos), que al cabo de algunos años se habrán desgastado.

Otros casos recientes incluyen el traspaso de funciones de la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) al Ministerio de Hacienda, la liquidación del DAS y la creación de la Agencia Nacional de Inteligencia en su reemplazo y la creación de la Agencia Nacional de Infraestructura asumiendo funciones de INVIAS. De estos, quizá el caso más patético sea el del DAS, cuyos funcionarios fueron trasladados al CTI – Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (3,000), al Ministerio de Relaciones Exteriores (800), al Ministerio del Interior (600) y a la Policía Nacional (400).

Para donde va el mar, van sus arenas… y, por tanto, para mejorar, necesitamos un cambio cultural, por cierto difícil de implementar, que solo podrá surgir de una educación en valores acompañada de entidades de control firmes y estables. Por cierto que por primera vez en mi memoria, se ha empezado a oír en los últimos añosde actuaciones de las entidades de control (Contraloría, Procuraduría y Fiscalía) que hacen pensar en cambios positivos. Años atrás y sin caer en la generalización, las entidades de control eran con frecuencia noticia por ser más un foco de corrupción que de control, más un palo en la rueda que un empujón adelante…