LA FIEBRE DEL BITCOIN

El alza en el valor del bitcoin parece no tener fin. Alguien que hubiera invertido mil dólares al inicio de la fiebre en el 2009, hoy tendría alrededor de US$340 millones. Algunos estiman que con el inicio la semana pasada de los contratos a futuro en Chicago, los precios se estabilizarán. Otros creen que el mismo factor dará cierta legitimidad a la moneda y que por tanto más personas querrán invertir y el valor seguirá subiendo.

El uso de monedas virtuales parece imparable, aunque subsisten dudas sobre su seguridad y el riesgo de intervención de las autoridades es grande. ¿Cómo se cobraría, por ejemplo, el 4x1000 en Colombia si asumimos el uso de este tipo de monedas?

Una forma de monedas virtual ya existe, aunque algunos la denominan moneda digital (en verdad no veo la diferencia en este aspecto, que sí lo hay en otros, pues el bitcoin también es digital), y es el sistema de pagos electrónicos, bien sea mediante tarjeta débito, crédito o las transferencias del sistema financiero. Estos pagos electrónicos no necesariamente tienen respaldo de billetes y moneda física. Es decir, que los bancos no tienen en moneda física todo lo que en sus libros contable aparece como depósito de clientes y, aun así, giran contra esos depósitos. Un cupo de crédito de una tarjeta de crédito no es otra cosa que un cupo virtual que el tarjeta habiente puede usar y, cuando lo hace, el banco simplemente crea un activo por el préstamo que otorga en ese momento.

En cuanto a la seguridad, hasta ahora confiamos en el banco en cuanto a la seguridad de nuestros depósitos, pero ¿qué pasaría si un hacker burla las defensas cibernéticas del banco y se lleva los fondos disponibles y los convierte en bitcoins?

 

A quien adquiere bitcoins se le identifica por un código alfanumérico y, por no ser regulado, la entidad (llamémoslo intermediario) que hizo la transacción no estaría obligada a identificar al usuario. Esto sin duda, puede cambiar en cualquier momento si los reguladores deciden intervenir en el marcado de monedas virtuales.

La tecnología blockchain que sustenta el bitcoin parece muy segura, y si ha habido robos de bitcoin se han dado en los intermediarios que actúan a través de portales de internet, algunos de los cuales no cuentan con seguridades cibernéticas fuertes.  Pero lo mismo se puede decir de entidades financieras que no cuenten con seguridades suficientes.

El bitcoin y las demás monedas virtuales tienen la posibilidad de convertirse en monedas globales que revolucionen las finanzas internacionales, pero requieren de regulación por parte de los gobiernos que minimicen su utilización para lavado de activos y otras actividades criminales.

En un mundo cada vez más globalizado tiene sentido una moneda global que no dependa de un solo país. Actualmente, las monedas fuertes como el dólar americano, el euro y el yen, se emiten impunemente (hasta cuándo o hasta cuánto no sabemos) en beneficio de los países emisores y a un costo que se distribuye en el mundo entero.