LA CONSTITUCIÓN DEL 91 Y LA DESTITUCIÓN DE PETRO

Como no hay nada perfecto, con el paso de los años van reluciendo los defectos de todo. Y a mi entender de neófito en temas legales, el andamiaje jurídico de la nación arrastra el lastre

de una constitución demasiado extensa y compleja (la de segunda mayor extensión por número de artículos, después de la de la India) y hecha más para ángeles que para Colombianos. Lo más complejo engendra más riesgos, y eso es lo que estamos viviendo con nuestra enredada constitución.

Reafirmo esta convicción, ante la algarabía que se está formando por el reciente fallo de destitución del alcalde Petro por la procuraduría general. Al procurador no le queda otro camino que seguir la ley de leyes que nos hemos dado en un momento de calentura; de lo contrario, bien podría él mismo ser demandado y destituido.

A lo del alcalde Petro bien podemos sumar otras secuelas de este andamiaje, tales como el miedo de los funcionarios públicos a las asustadurías (contraloría, procuraduría y fiscalía), el fomento a los movimientos y coaliciones políticas de ocasión que atomizaron los partidos, la oportunidad para un mayor financiamiento mafioso a las elecciones al senado debido a la jurisdicción nacional para el senado, que supone un mayor gasto para dichas campañas, etc…

  • Cualquiera que deba responder a tres entidades diferentes de control (sin contar la posible intervención de alguna de las superintendencias), está sujeto a una pesadilla de interpretaciones y acciones, que pueden paralizar al más valiente.

Sin embargo, tampoco podemos achacarle todo a la constitución, que, por otra parte, ha logrado grandes avances en lo social. Pero sí pensamos que ayudaría una ley fundamental más simple y coherente.  La velocidad de cambio en el mundo moderno es cada vez mayor y, por eso, una constitución que busca regular todos los aspectos del quehacer y la convivencia entre los ciudadanos, como la nuestra, termina siendo más un lastre que un empujón al progreso.