ESPECULACIÓN POLÍTICA

La multiplicidad de candidatos a la presidencia de la república y al congreso, la
mayoría por listas es positiva porque es indicio de una democracia vibrante y de
mayor participación ciudadana, entre otras razones, con una mayor participación de
la izquierda post-acuerdo de paz. Pero también es indicio del desprestigio de los
partidos que no aprendieron a utilizar los avales electorales ni a implementar códigos
de ética. Digamos que la ética brilla por su ausencia, pero no solo en los partidos
políticos sino entre gran parte de la ciudadanía, de donde salen los políticos. ¡No se
puede pedir peras al olmo!


Si en la cultura general tuviera más arraigo el bien común que nos vino a recodar el
Papa Francisco, entonces los corruptos no tendrían tantas facilidades para delinquir.
Facilidades ahora a la mano de populistas, fascistas y extremistas en general, ante la
oportunidad de generar miedo y desorientar aún más a la población enfatizando lo
negativo, cuando hay mucho de positivo en el país. No es sino mirar al vecino
Venezuela.


Las soluciones fáciles y milagrosas no existen y solo queda el remedio de fortalecer y
apoyar las instituciones, denunciar a los corruptos y tomar decisiones en base a
hechos y no a emociones y especulaciones. Necesitamos más estadísticas y hechos
concretos que orienten a la opinión pública y menos políticos especuladores.
La tarea de sanear las costumbres políticas, por siglos basadas en el clientelismo, está
por hacer y no bastará simplemente con más leyes y más tribunales, que ambos
tenemos de sobra. Nuestro récord mundial en número de cortes superiores está a
punto de consolidarse a un lejano primer lugar con el advenimiento de la JEP y el
tribunal de aforados, con lo cual tendríamos más magistrados que senadores.
La inercia natural que rige al universo hace que la burocracia se autoalimente y
busque su sostenibilidad, proceso en el cual se priva de sustento a otras actividades y
se reducen los recursos ya de por sí escasos.


La constitución del 91 contribuyó a esta proliferación de partidos al restringir el
bipartidismo y facilitó el desbarajuste y corrupción de la justicia al involucrar a las
cortes en procesos electorales y políticos. ¿Y en esta situación, para que más
magistrados?


Atravesamos una coyuntura nacional difícil y riesgosa. Ojalá todos reflexionemos e
incorporamos en nuestro ADN colectivo ese tesoro social que se llama el bien común.