EL TRIPODE DE LA GOBERNABILIDAD

Cómo enfrentar el caos, los paros, la desobediencia civil? Tarea nada fácil que compete a los gobernantes que enfrentan muchas veces situaciones cuyas causas datan de muchos años. Y aunque todos somos buenos para diagnosticar y pontificar sobre las fallas actuales y mirar por el espejo retrovisor de los hechos ya consumados, es indispensable que aprendamos de los errores y enfrentemos el futuro.

 

Gobernar es ante todo el arte de inspirar y ser líderes a través de la continua comunicación y presencia en la comunidad, como única vía sostenible para manejar un país de cada vez mayor complejidad como Colombia, o cualquier empresa no importa su tamaño.

Dicho lo anterior como fundamento esencial del liderazgo, se requiere gobernar, para lo cual recomendamosponer en práctica, tanto en el sector oficial como en el privado, un trípode gerencial consistente en Regular, Entrenar y Controlar.

El primer paso es regular, sin caer en los extremo del reglamentarismo que quiere cubrir hasta los últimos detalles y del lambonismo que busca dulcificar las reglas con idealismos o justificativos utópicos e inalcanzables. En otras palabras, una regulación práctica y realista, que sea simple, lo cual es difícil de alcanzar. Nuestra constitucional nacional, lamentablemente, adolece de un realismo mágico que pretende satisfacer necesidades solo con enunciarlas y que ha promovido una hemorragia legislativa e interpretativa. La reciente Ley Estatutaria de la Salud, por ejemplo, habla frecuentemente del disfrute, del gozo del derecho fundamental a la salud, como si ir al hospital fuese un placer inefable.

El segundo paso es entrenar, que a su vez tiene tres pasos: primero el entrenador hace y el aprendiz mira, segundo el aprendiz hace y el entrenador mira y tercero el aprendiz hace solo y el entrenador vuelve y revisa. Entrenar es socializar, explicar, llevar de la mano cuando sea necesario, absolver preguntas, preparar manuales, guías, etc…

Y finalmente controlar. Se ha  avanzado mucho en Colombia en independencia y eficiencia de los entes reguladores. Mi experiencia es que los auditores, fiscales, contralores y como se quiera llamar a quienes hacen funciones de control, por la misma naturaleza de su oficio, tienden a volverse obsesivos y dogmáticos. Saber que se tiene la sartén por el mango combinado con el imperativo de su oficio de encontrar vicios, errores y culpables es una mezcla peligrosa que requiere humildad y discreción a raudales (virtudes no fáciles de encontrar), para que el resultado sea efectivo. No es de extrañar, entonces, que un gran riesgo de las entidades de control sea encontrar falsos culpables, o exagerar el control al punto de paralizar la ejecución de obras o planes. Nuestra constitución y leyes en general son tan extensas que es fácil desviarse del fin último del control que es contribuir también al desarrollo general de la sociedad.

Estas ideas simples, pero poderosas y de fácil recordación, no pretenden cubrir todo el tema de la gobernabilidad, la educación (entrenamiento) y el control interno. Falta aquí, por ejemplo, la planificación, la cual, insistimos, debe incluir la elaboración de un mapa de riesgos. Son más bien una norma práctica para gobernar, entendido como la ejecución de acciones bajo el moto de REGULE, ENTRENE, CONTROLE.