ELECCIONES 2018, RIESGOS OPORTUNIDADES

El mayor riesgo que enfrentamos como nación en este año electoral, en medio de un ambiente enrarecido por los escándalos continuos de corrupción, es el de las elecciones. La limitada legitimidad de la clase política, acostumbrada a ejercer la política como un negocio o en el mejor de los casos bajo el criterio de todo vale con tal de mantener la relativa estabilidad actual, resulta en una crónica malversación de recursos y enriquecimiento de unos pocos que desmoraliza a la ciudadanía y encarece el costo de generar empleo y riqueza y, por tanto, progreso

El lenguaje popular ya ha acuñado frases como el CVY (cómo voy yo) y entre las élites políticas y sus contrapartes privadas (semi-públicas podrían llamarse) son de público y descarado comentario las tajadas que obtienen de la contratación con el estado. Aunque todos los candidatos prometan una lucha frontal contra la corrupción ya sabemos que su accionar será muy limitado, aunque hay esperanza por las últimas actuaciones de las entidades fiscalizadoras.

Las elecciones traen el riesgo de que elijamos mal y un mal líder de al traste con lo que se ha construido. Es mejor construir sobre lo que existe que destruir todo y empezar de nuevo, y la oportunidad que tenemos es la de elegir personas moderadas y constructivas. Entre más equilibrado mejor o como dice la Biblia en el libro 1 de Samuel, capítulo 16, cuando narra la selección del David como rey de Israel, no dejarse llevar por las apariencias (promesas, promesas …) sino mirar al corazón de la persona, es decir la personalidad, el carácter (en términos bíblicos).

Un líder inepto y corrupto nos haría mucho mal. Basta con mirar a Venezuela. Me decía un taxista que aquí todavía conseguimos carne y yuca para el almuerzo de la familia. Esforcémonos entonces por preservar lo bueno que tenemos eligiendo a alguien moderado que busque mejorar y seguir avanzando.

 

El progreso solo se logra con perseverancia y a largo plazo y no hay otro remedio que trabajo, ahorro e inversión, tanto a nivel del estado como a nivel individual y familiar. Si las clases trabajadora (oficiales y privados) y empresarial asumimos ese reto y eso lo combinamos con un estado eficiente y transparente, avanzaremos por la senda del progreso y el bienestar colectivo. Lo contrario es retroceder y ahondar aún más la pobreza y las desigualdades.