RED DE INFORMANTES CONTRA LA CORRUPCIÓN

Tiene sus riesgos una red de informantes, entre ellos, las falsas denuncias. Pero retrocediendo el reloj 16 años al 2002, la red de informantes en el primer gobierno de Álvaro Uribe fue un arma muy efectiva contra las guerrillas. Eran épocas difíciles de mucha desconfianza en las instituciones frente al enemigo número uno del momento.

Hoy, el enemigo número uno es la corrupción y el consecuente bajo nivel de credibilidad en las instituciones, sobre todo después de los escándalos en la justicia por el cartel de la toga. ¿Qué alternativas nos quedan si perdemos la confianza en la justicia?

Por otra parte, nuestra cultura normativa es muy baja y para estimular el cumplimiento de las normas necesitaríamos un policía por cada ciudadano.  Y, aún si hubiese presupuesto para ello, ¿de dónde saldría tal número de policías honestos?  ¿Similarmente, de dónde pueden salir los tan (por todos) deseados políticos honestos y probos si la cultura ética de las bases está deteriorada?

2002 y 2018 muestran situaciones similares en cuanto a la urgencia de hallar soluciones efectivas a viejos y acuciantes problemas. Leyes tenemos de sobra, pero eficiencia poca. Y, aún con una red de informantes, la batalla contra la corrupción será mucho más difícil de ganar que la guerra contra la guerrilla por que esta vez el enemigo está por dentro y, por tanto, esta batalla demandará un esfuerzo descomunal.

En lo electoral, por ejemplo, en municipios medianos y pequeños y en las barriadas pobres de las grandes ciudades, hay hábitos de muy difícil erradicación, como el dar algún beneficio económico a cambio del voto. Esto lleva a los elegidos a usufructuar el poder comprado y a sustraer recursos vitales para el progreso y desarrollo de las regiones

El mapa de riesgo de corrupción en Colombia abarca todo el territorio y todas las entidades públicas y privadas, así como todos los individuos. Aquí todos somos factor de riesgo en mayor o menor grado lógicamente. Necesitamos un poderoso factor mitigante: vigilarnos unos a otros. De todas maneras, con el continuo uso de instrumentos electrónicos, hacia allá es donde va el mundo. Además, no denunciar el delito te hace cómplice del mismo y constituye en sí otro delito.