EL DÍA DESPUÉS

Cuando buscamos pareja, como en toda elección, queremos lo mejor. Pero al final los príncipes azules son puro cuento y los humanos somos todos de carne y hueso, hechos de barro y frágiles. Es bueno, sin embargo, oír y ver a los líderes proyectando la imagen de fuertes, pero bondadosos al mismo tiempo.

El ganador de la pasada elección presidencial fue quien proyectó mejor esa imagen de fuerza y bondad. No que en su lado esté toda la fuerza y la bondad y en el otro todo sea debilidad y maldad. Todos tenemos un poco de lo bueno y de lo malo, pero siendo diversos, como lo somos (y en Colombia bien mezclados estamos), solo trabajando en equipo podemos superarnos.

El discurso del ganador hizo énfasis en varios elementos positivos del contendor, a saber, priorizar la lucha contra la corrupción, a lo cual se añade hacer más eficiente el estado. Eficiencia y transparencia van de la mano, así como el exceso de burocracia y la corrupción son hermanas gemelas y se retroalimentan.

Ni forma de descalificar a cualquiera de los bandos por clientelista, corrupto, ateo o cristiano. En los casi 20 millones de votos cabemos todos y de todos los pelambres. La corrupta es la persona afiliada o no a cualquier partido, por lo cual deshonra, si es el caso, a ese partido, pero en todo caso al país. Y en todos los estamentos de la sociedad (ejecutivo, legislativo, judicial, partidos políticos, iglesias, ONGs, etc), hay y habrá corruptos, porque las organizaciones están compuestas por hombres hechos de barro. Lo contrario sería creer en el cuento del príncipe azul.

En los días previos a la elección y en la medida en que los candidatos buscaban a los votantes del centro, parecía no haber mayor diferencia entre las propuestas. En realidad, el centro, es decir, el equilibrio perfecto, es un mero concepto matemático (en la práctica, tan solo otro ideal utópico, como el voto en blanco). Por eso las mayorías votamos una u otra opción.

Confieso encontrar un mejor país, por fin no dividido por trapos rojos o azules, sino por asuntos más trascendentales.