CÁTEDRA DE SIMPLICIDAD (II)

Volviendo al tema de la simplicidad, nos urge una cátedra que trate de implementar una cultura de simplificación de leyes normas y prácticas, y ya que no ha sido posible hasta ahora simplificar la educación (que sigue siendo enciclopédica y nemotécnica), podríamos, al menos, establecer en la educación media y superior una cátedra donde se estudien las bondades de simplificar y las metodologías pertinentes, con la esperanza que las futuras generaciones empiecen a desenrollar el tremendo ovillo que ralentiza la marcha hacia el progreso de Colombia. 

Muchos procesos solo pueden simplificarse mediante desarrollos de software y por eso la educación en programación se está volviendo un imperativo desde los primeros años de la infancia y la misma se está convirtiendo en una habilidad básica para todas las profesiones.

No conozco en detalle la normativa aplicable a las licencias de construcción y su impacto en el tiempo que tarda obtener una licencia, pero se de licencias que tardan 13, 24 meses (las de bienes culturales son las más demoradas) y también es evidente que tan solo cinco curadurías urbanas en Bogotá no son suficientes para una ciudad de ocho millones de habitantes. Qué se requerirá para simplificar las normas y los procedimientos en este sector seguramente seguirá siendo un misterio por mucho tiempo.

Las leyes tributarias, entre ellas el IMAN Y el IMAS que se implementaron en la última reforma y que ahora se quieren eliminar por enredadas, las normas financieras (antes llamadas de contabilidad a nivel internacional), las normas ambientales y los fallos de las numerosas altas cortes (también número de estas cortes es un record), todo constituye una pesada carga que tan solo los más fuertes financieramente pueden tolerar e implementar. Para los demás, queda la alternativa de suspender los emprendimientos o de hacerlos informalmente hasta contar con los recursos necesarios para tales implementaciones.

Sin duda, los riesgos se multiplican en la medida en que las normas y prácticas son enredadas. Para solo citar dos ejemplos, las normas jurídicas confusas aumentan la inseguridad jurídica y las normas enredadas y demasiado complejas recargan los costos administrativos y disparan lo riesgos operacionales. Y todo lo anterior aumenta la posibilidad de corrupción y fraudes. Los ejemplos abundan y entre los más recientes basta con citar a Cafesalud, otro monstruo en posible vía de liquidación que deja abundantes pérdidas para el bolsillo de todos los contribuyentes. El estado como siempre ejercerá de verdugo, pero poco se enmienden las fallas de fondo.